Infiltrados

La Naturaleza “Reptiliana” de Daniel Correa

La Naturaleza “Reptiliana” de Daniel Correa

“Daniel Correa le ha dado muchas vueltas a la música. La ha abordado desde diferentes enfoques. Es un músico inquieto, muy inquieto. Ya sea detrás de una batería, con un cuatro en sus brazos, frente a un teclado, con un micrófono en la boca. Lo es en el escenario, en el estudio de grabación, donde, ademas de tocar, también produce. Es inquieto en su vida diaria. Nunca deja de moverse. Tal vez por esa razón lanza discos en estos tiempos de Youtube y de iTunes, una época en que hacer álbumes es toda una proeza de quijotes.

¿De qué trata su música? Suena a cliché, a frase gastada, pero es así: Daniel Correa es un músico que se nutre de muchas fuentes. Comenzó a moverse en el mundo de la música, y rápido, a los 12 años de edad, cuando descubrió el punk, el ska y el rock. La música lo atrapó y a los 17 años de edad decidió estudiarla a fondo en diversas academias colombianas: Francisco Cristancho, Escuela Colombiana de Jazz y la Universidad de Los Andes. Se graduó como músico con énfasis en batería de jazz y composición e ingeniero de sonido en el Brooklyn Conservatory of Music y el Institute of Audio Research en Nueva York.

Así que no se quedó en el punk y el ska, sino que también aprendió de jazz e incursionó en los ritmos del Caribe con su banda de jazz-fusión Samurindó, con la que hace diez años publicó el álbum “Cuando Ovejas no era Sucre”. Pero tampoco se contentó con ser baterista. “Desde mucho antes de tocar teclados en vivo yo estudiaba piano, sobre todo jazz. Me encantaba poder tocar estándares y acompañare y acompañar. Con el tiempo fui empezando a componer cada vez más y un día aparecieron las letras de la mano del cuatro llanero”. Así surgió “Amante en Bruto”, su primer disco como solista. Después de esto ha alternado el cuatro con el piano y los teclados, “siempre buscando una manera propia ajustando mi voz, las palabras, los acordes y la rítmica”.

Como solista ha publicado cinco álbumes, y en uno de ellos, “Pólvora Pura”, de 2012, le da crédito a Los Locos del Ritmo, la banda que lo acompaña en sus presentaciones. “Los Locos del Rítmo en realidad siempre están ahí, son mi banda de apoyo y sus integrantes van cambiando con los años o con los discos”.

En Reptiliana, su sexto álbum y quinto como solista, presenta diez canciones en las que están presentes, a veces de manera evidente, en otras de forma más sutil, todas esas tendencias que lo han guiado. En este disco hay un poco de eso en distintas canciones, exploración de armonías y ritmos sobre las letras siempre buscando texturas claras en cada tema. “Hoy esas búsquedas que inicié con Samurindó están igual de presentes y se amplían cada día. Me gusta nutrirme de las músicas tradicionales así como del jazz de siempre y rock en español, músicas jamaiquinas y rock inglés”. Así que en este álbum aparecen sonidos electrónicos, guitarras rockeras clásicas, cumbia, funk, reggae y sonidos cercanos al pop. Y su voz y maneras de cantar se adaptan de acuerdo con la circunstancia de cada canción. A veces se lamenta en modo balada-pop, en otros casos adquiere el tono y la actitud del rockero, pero también sabe cantar en el mejor estilo del soul y del rhyrhm n blues.

Correa aprovecha para sacar a flote su talento como letrista. En “Cerca de ti” y “Femme fatal” pide perdón por haberse tomado un par de copas de más y promete portarse mejor la próxima vez. En “Tanta mentira” se indigna con la corrupción de la clase política, y pone como ejemplo wel caso de la Guajira. “Bakatá” es un nuevo homenaje que le hace el rock a Bogotá. Se acerca a los salmos poéticos en “No es suficiente”, hace una alegoría a la evolución de las especies en “Reptiliana” y juega con la ciencia ficción en “Polvo de estrellas”.

En Reptiliana quedan plasmados el desparpajo y el humor con los que Daniel Correa se mueve por la ciudad, por el mundo. El álbum, muy bogotano por cierto, lo grabó en octubre de 2015 en el estudio Árbol Naranja, en la localidad de Teusaquillo, acompañado por el baterista Juan Camilo Molina, y el bajista y guitarrista Lucas Ariza Manzano. Además de cantar, Correa interpretó diversos teclados, batería y percusiones en algunos de los temas. Él lo produjo y en la mezcla contó con el apoyo de Pedro Rovetto, bajista de Superlitio.”

Reseña de Eduardo Arias.

Mayor información en:
Facebook.com/Danielcorrealocos

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