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Relámpago Carmesí - Trilogía del Desarraigo, Capítulo III

Relámpago Carmesí - Trilogía del Desarraigo, Capítulo III

Relámpago Carmesí es el segundo sencillo del disco “El Ciudeblo” y 3er capitulo (El Silencio) de la denominada: “Trilogía del Desarraigo”. Proyecto Audiovisual y Literario en donde se ha retratado diferentes lugares del Cauca y donde por medio de la música, la imágen y cuentos, Los Pangurbes han buscado sanar y plantear preguntas sobre la identidad (Cauca y Colombia), el desarraigo y el amor. Para ellos el desarraigo puede estar planteado con lo difícil que puede ser dejar a lo que se ha estado cerca siempre y lo bello que es encontrarse con diferentes caminos, un acto donde: “nunca se acaba de desinhibirse”, dice su director. Relámpago Carmesí es un tema dedicado al silencio y a la discoteca más vieja y emblemática de la ciudad de Popayán “New York” que acaba de cumplir 62 años. Una chica Bolsiverde y El Diablo Caucano se re-encuentran en una noche de tragos y boleros en la discoteca New York, en medio de la charla terminan por volver abrir un conflicto amoroso y espiritual que se creía olvidado, los tragos, movimientos y la música se transforman en acto Psicomágico y de Catarsis donde los dos terminan por re-descubrirse . Ovidio dueño de la Discoteca y tantas historias, termina por mostrarles que en el silencio se aprecia el valor de la otredad.

Mi Compai Ovidio nació un 11 de Agosto de 1957, dos años antes que Cerati y dos años después de su poderosa y emblemática discoteca “New York”. La discoteca New York está ubicada en un barrio conocido como Pueblillo, uno coge por la vía que va por tránsito y que está al lado del estadio Ciro López de Popayán; hay dos caminos seguir derecho o cruzar a la izquierda, cuando ya cogés a la izquierda podés coger hacia los grandes barrios Villadocente, Yanaconas y si cruzás el puente estarás camino a New York.
New York en su comienzo fue una venta de empanadas de pipiám de la madre de Ovidio; como quien dice la toldita afuera de la casa. Ahí ponía música pa el bailador. La gente que iba, se comía su despiste y le daba por ir y meterse un pasos con la pareja en el gran salón de la casa pa bajar la comida. Así la discoteca se volvió un trabajo de familia. Ovidio tenía unas tías que vivían en Cali y digamos que con los años las señoras siempre intervenían musicalmente en New York con el gusto adquirido por lo que oían en Cali: la corriente salsera y todo lo que venía sucediendo en la conocida “Sucursal del cielo”. Además de ello Ovidio tenía un tío que era marinero, radicado en la “Gran Manzana”. Desde allá llegaba a Buenaventura y la traía los discos que hoy escuchamos en la discoteca.

Antes por allá en la vereda de Pueblillo no existía iglesia entonces adivinen donde eran los matrimonios, bautizos y demás. Ahí mismito, en el gran salón de la venta de empanadas de la mamá de Gerardo Ovidio Ordoñez Carrera, ahí se ejecutaban estos actos. En el 79 y 80 empezó a construirse la iglesia, es decir que desde 1995 a finales de agosto New York sirvió para este tipo de labores. Después del terremoto del 83 que dejó casi destruida Popayán, la casa quedó un poco molida. Ovidio que tiene mucha habilidad con las manos y alta dosis de creatividad decidió después de aquel evento empezar a reconstruir el salón y decorarlo. Nunca tuvo referentes de diferentes discotecas puesto que como él dice: “Mi compai, no conozco ni Bogotá por la mera pereza y amor a la discoteca”. Amante de Chavo del 8, coleccionista de sus muñecos y objetos de infancia y chirimero caucano empezó a plasmar su vida y darle ese toque a su templo para la memoria y la salsa. En él podemos encontrar diferentes cuadros del chavo, músicos de salsa, bicicletas colgadas, barbies desnudas, etc. Es un lugar donde la irreverencia se torna natural y el absurdo convive con tranquilidad.

Ovidio tiene un gran amor a su discoteca pero no vive de ella, él trabaja para Comfacauca como tallerista en manualidades. Por temporadas recoge arena del río que baja del rio Molino y que vende con sus amigos del barrio. También se hace algunos pesos camellando con cosas particulares. Así como en El Sotareño los payaneses nos parchamos a escuchar boleros, tangos y a veces un pasillo, en La Iguana escuchamos las buenas descargas soneras y timbas- cubanas; New York es la casa del boogaloo y la pachanga. Ovidio tiene amor por muchos temas entre ellos está “Tinguilanga” de Quike y La Sabrosa, “Sonero Son” de Johnny Ventura y “Pachanga” de Piti Rase. Los jueves es el día para los boleros y para los enamorados, los viernes se ha convertido en un día universitario, el sábado es el día de la rumba pesada y de barrio y los domingos es el día de desenguayabe, que aprovecha para vender almuerzitos, mientras tararean los temas bajando todo con politas.

New York responde al barrio porque los que crecimos cerca de ella entendimos que es un lugar de ensueño y donde lo surreal es posible. Todos los barrios que están a su alrededor, Colina, Yanaconas, Yambitara, Villadocente y demás, fueron barrios que empezaron desde cero, en condiciones donde el orden social no era el más tranquilo. New York fue el sitio para desahogar todo ese espíritu efervescente y rebelde con el que vivían muchos jóvenes. Así como Henry Fiol nació en el condado de Manhattan, donde perro come perro y por un peso te matan, otros nacimos en estos barrios; somos víctimas del ay bendito, del fútbol, de las alboradas decembrinas, del Caucano, pero también somos víctimas de la salsa. Como una vez me dijo mi amigo Vivas: “La salsa lo ha dicho todo, la han bailado, la han llorado, sudado y hasta han tenido sexo con ella” y La Discoteca New York ha visto todo esto, las historias que siguen recorriendo cada rincón y que tal vez no conoceremos…

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